La lucha libre nunca había sido tan atendida por la prensa no especializada hasta la llegada del X’ondo a la televisión pública. Tanto el espectáculo como sus protagonistas empezaron a tener presencia en los diarios y revistas más populares de nuestro país, como el ABC, El Periódico, el Diario de Barcelona; o revistas de entretenimiento como Tele radio, Lecturas, Semana o ¡Chiss!.
La mayoría de los luchadores fueron entrevistados, sacando a la luz sus verdaderos nombres, aficiones, viviendas, estados civiles y hasta cuánto pesaban y de qué se alimentaban. Este fenómeno fue mitigándose a lo largo de 1979 a partir de la supresión del X’ondo dentro del programa Fantástico de José María Íñigo.
Estas entrevistas son una fuente importante de datos para conocer las variopintas personalidades de los luchadores y las penurias económicas que solían pasar nuestros héroes. También nos dan una imagen del estado de la lucha libre en España en aquella época.
Seguidamente, iniciaremos una saga de artículos dedicada a estas entrevistas. Empezaremos con nuestro protagonista, el luchador Felipe Calvo Viudes (1937-2017), alias Mister Fiera, en una serie de publicaciones situadas justo en la época en que se estaban emitiendo los combates por televisión.
Revista “Semana” (3 marzo 1979)
Mister Fiera es Felipe Calvo, un madrileño de 40 años y 120 kilos de peso. Come tortillas de dos kilos de patatas y media docena de huevos, y filetes de 800 gramos. Según su mujer, «es como un niño».
Mister Fiera, ese forzudo con barba y aspecto de Nerón, peculiar personaje de «X'Ondo», espacio de lucha-espectáculo que incluye el dominguero «Fantástico», responde al nombre de Felipe Calvo. Es, visto en zapatillas, un tipo simpático y campechano, pacífico y hospitalario.
—Nací en Madrid —explica—, hace cuarenta años.
—¿Cuánto pesa?
—Ciento veinte kilos.
Dialogamos en su hogar de Mollet del Vallés, a escasos kilómetros de Barcelona, donde reside con su esposa, Nati, y sus dos hijos, Felipe, de ocho años, apodado Rocky, y Silvia, de tres.
—¿Siempre ha vivido de sus músculos? —preguntamos a Míster Fiera.
—No. Antes estuve trabajando, durante doce años, en un Banco de Madrid. Entré de botones y salí siendo oficial de segunda.
—¿Por qué dejó el empleo?
—Estar, durante todo el día, detrás de una ventanilla era una actividad muy sedentaria, y yo soy hombre de acción.
—¿Del banco a la lucha libre?
—Bueno... Me contrataron para interpretar un pequeño papel en «La caída del Imperio romano», y, a partir de ahí, siguieron llamándome para el cine. Acudí a un gimnasio y me especialicé en la lucha grecorromana... Y aquí me tiene.
Recuerda cuando, una vez, sin cinco céntimos en el bolsillo, se vio obligado a aceptar la plaza de guardaespaldas de una discoteca.
—Pero duré poco, porque soy incapaz de violentarme con nadie. Entonces, liándome la manta a la cabeza, acepté un empleo, en Mollet, para llevar la contabilidad de una fábrica de curtidos.
En Mollet, pues, plantó raíces Míster Fiera.
—Conocí a Nati y me casé con ella hace nueve años.
No se sienten poco orgullosos con un piso de propiedad y una parejita encantadora.
—Todo lo que ven lo hice yo, con mis propias manos —dice, señalando techo, suelo y paredes de la vivienda—. Tengo maña. Igual pinto, que empapelo o embaldoso.
—¿Desearía que su hijo fuese luchador como usted?
—¡Dios no lo quiera! Menos mal que a él tampoco le va. ¡Con una «fiera» en la familia, basta!
—¿Come mucho?
—Como una lima. Ya sabe que somos tres en casa; para darle una idea, los domingos, en que usualmente mi mujer hace paella, no basta con diez raciones… Por lo menos, me «trago» seis platos.
Nati interviene diciendo que cuando va al mercado tiene que pedir para él «filetes» de setecientos u ochocientos gramos.
—Con menos se queda con apetito. También me pide, a menudo, tortilla española. Pues bien…, se la hago con dos kilos de patatas y media docena de huevos, y se queja de que le sabe a poco.
Aparte de estos «detalles», queda demostrado que Míster Fiera no es tan fiera como lo pintan…
Revista “Lecturas” (16 marzo 1979)
Fragmento de una entrevista efectuada a varios luchadores del X’ondo.
Mister Fiera
A los niños les resulta muy divertido «Mr. Fiera». Se trata de Felipe Calvo, madrileño, cuarenta años.
—Estoy casado, sí. Mi mujer se llama Nati. Mis hijos, Felipe, ocho años, y Silvia, tres. Vivimos en
Mollet del Vallés (Barcelona). Llevo veinte años metido en la lucha y tengo un gimnasio.
Cuando sube al cuadrilátero es una «fiera». Barbudo, la cadena al cuello, cabeza de tigre…
—También soy especialista de cine.
Cuenta con sus fans aunque se oigan menos que las de «Don Salvatore» que gritan:
«A la bim, a la bam, a la bim-bom-bam, Salvatore, Salvatore… y nadie más».
Agradecimientos
- Nati Podadera



